El mesianismo religioso es parte integral del sionismo en Israel1.

Dentro de este, se distingue por su voluntad de diseñar y planificar un Gran Israel más allá de las fronteras actuales del Estado hebreo, con el riesgo de hacer olvidar otros aspectos espirituales o políticos de la doctrina sionista. En otras palabras, grupos mesiánicos, mitad religiosos, mitad políticos, se imaginan como pioneros de una revolución sionista y religiosa capaz de «reformar toda la nación» con miras a un «trastorno social y espiritual» (Sedan, 2014). Más judaísmo, menos sionismo: esta expresión podría ser la consigna, en particular, de ciertas corrientes mesiánicas con una influencia cada vez más apremiante sobre el mundo político israelí y sobre la vida cotidiana.

El mesianismo sionista-religioso que vamos a examinar aquí impone, por su fuerza y por la exaltación, una recomposición política y electoral y, por consiguiente, una nueva construcción política en Israel. En su complejidad actual, presenta una paradoja. Pone cada vez más en conflicto —a través de la presencia de colonos judíos que habitan en los puestos de avanzada de Judea y Samaria, o también a través de la marcha hacia el Monte del Templo— su relación con el sionismo político y estatal, buscando modificarlo o extraerse de él. De ahí en adelante, implica luchas políticas contra el sionismo secularizado y contra el sionismo estatal que había dominado esta corriente hasta 2005. Pero también supone compromisos más o menos extremos, que afirman un nacionalismo judío excluyente, que ignora las entidades no judías y no religiosas, y que se traduce asimismo en gestos políticos violentos. En un contexto en el que la democracia israelí está debilitada e inestable, en particular desde el 7 de octubre de 2023, lo que aquí cabe analizar es la renovación de las prácticas y de las gramáticas del mesianismo religioso.

La revolución sionista religiosa y sus hibridaciones

El mesianismo en Israel se encuentra en manos de distintas corrientes que se posicionan de manera diferente respecto a la religión, tal como esta ha podido ser cosificada o reificada a través del Estado-nación (mesianismo secularizado y moderno), o por el contrario pensada con independencia de las estructuras estatales (mesianismo revivalista). Ya sea que se asimilen al sionismo religioso o que estén apegadas a la constitución de un reino judío al margen del Estado, estas corrientes se solapan y existen diversos bricolages espirituales y semánticos. ¿Cuáles son sus características?

Históricamente, el mesianismo sionista-religioso es sincrético. La teología de los rabinos Kook popularizó una visión teleológica según la cual el Estado judío sería a la vez el vector y la encarnación de la redención judía; su gobierno debería entonces considerarse como el del Reino judío actual, en el cual el pueblo judío avanzará ahora hacia su redención colectiva. Este sincretismo político-religioso caracterizó a varias generaciones de religiosos-sionistas israelíes que, presentándose como voluntarios para las unidades militares más peligrosas, implicándose política y socialmente en todos los niveles de la sociedad israelí, y participando en algunos casos en coaliciones gubernamentales (incluso con socios de izquierda, hasta los años noventa), daban prueba así de su implicación espiritual en el proyecto de renacimiento del pueblo judío en la tierra de Israel. Desde los años setenta, la devoción espiritual y el fervor mesiánico sionista-religiosos van acompañados de un nacionalismo creciente, con la instalación de cientos de miles de colonos ideológicos en Cisjordania (y en Gaza hasta 2005).

Estos colonos alimentan una visión exaltada según la cual su regreso a las tierras ancestrales de Cisjordania (sobre todo a las ciudades de Hebrón, Nablus y Jericó) y a Jerusalén Este son avances hacia la salvación judía y la redención humana. En este sentido, las conquistas territoriales consecutivas a la guerra de los Seis Días, y luego a la de 1973, contribuyeron a asentar el ideal aún inconcluso de un Gran Israel y una visión teleológica destinada a desembarazarse de los partidos secularizados y moderados. La retirada de Israel de Gaza en 2005 y el desmantelamiento de las colonias que allí se encontraban marcan una ruptura en esa exaltación mesiánica, y fueron percibidos por los sionistas-religiosos como una traición política y una crisis espiritual. Una de las consecuencias es su voluntad de crecer y de reforzar su control territorial en Cisjordania a fin de imponer por la fuerza la irreversibilidad del avance redentor.

Alianzas multiformes

Sean cuales sean sus dimensiones (realista o escatológica) y sus anclajes (en Israel y en los Territorios), la dimensión teleológica de este mesianismo colonizador se apoya en el entrismo político-religioso y en las alianzas políticas de los colonos, favorecidos por un sistema político frágil y extremadamente inestable desde 2019. La promoción de un sionismo religioso, nacionalista y cada vez más radical, que aboga en particular por la superación del sionismo estatal y secularizado, ha ganado visibilidad gracias a las alianzas entre distintos partidos religiosos y de derecha en el seno de las últimas coaliciones gubernamentales. El lugar que ocupan los colonos ultranacionalistas, así como el de los antiguos partidos religiosos sionistas convertidos en sionistas religiosos (como Otzma Yehudit), aseguran una forma de entrismo y de espíritu emprendedor radical dentro de las propias instancias gubernamentales del país, con un afán acrecentado de control, sobre todo de la policía y del sistema judicial, para imponer su dominio sobre el Estado. Esta creciente influencia de los partidarios del Gran Israel permite exhibir un proyecto teológico-religioso que incluye la anexión de los Territorios Palestinos, e incluso de Gaza.

En este panorama político renovado, algunos religiosos también se vuelven hacia los partidos ultraortodoxos o se aproximan a ellos —política y religiosamente—, en particular debido a su rechazo del aspecto moderno del sionismo estatal, pero también porque ciertas franjas ultraortodoxas están en busca de israelización. Finalmente, desde partidos de derecha como el Likud hasta el nuevo sionismo religioso de los ultraortodoxos, son visibles múltiples acercamientos y alianzas entre distintos grupos, con un nacionalismo en su núcleo que excluye todo reconocimiento colectivo de los palestinos.

Nuevos reinos en la práctica. Ocupar, defender, expandirse

En este contexto, el mesianismo judío en Israel se encuentra en el cruce de nuevas orientaciones, pero también de formas de expresión entre, por una parte, los modernos realistas que se apoyan en el Estado y, por otra, los revivalistas que militan por formas de vida separadas del Estado nacional, en la medida en que este no encarna lo suficiente simbólica y religiosamente la redención judía. Para estos últimos, minoritarios, la verdadera redención solo podrá realizarse a pesar del Estado de Israel, con su reemplazo por un nuevo reino judío.

Los colonos mesiánicos que han tomado el control de los partidos religiosos sionistas tradicionales (Katzman, 2020) y que buscan crecer en un proyecto de anexión y ocupación de Cisjordania representan la tendencia realista. Buscan emanciparse a la vez del Estado, percibido como un obstáculo para sus intervenciones en Cisjordania, y de un sionismo portador de valores universales seculares. Algunas comunidades de colonos, con frecuencia relativamente jóvenes e instaladas en los puestos de avanzada de Cisjordania, hacen de su mesianismo un modo de vida. Más que entregarse a sueños de redención futura, se aplican —a veces mediante actitudes particularmente violentas frente a los palestinos con quienes conviven— a afirmar su poder localmente, a vivir su espiritualidad individualmente, a vivir sus esperanzas de inmediato en reinos del aquí abajo. Muchos se viven como el simple «producto de su generación en la tierra de Israel» (Nicolle-Hasid, 2019) y participan en la expansión del proyecto colonialista no por una centralidad teológica, sino desde un posicionamiento posmesiánico y materialista. Su devoción por su tierra ya no es una devoción al ideal espiritual de la tierra de Israel bíblica ni a la visión política del Gran Israel, sino más bien una manifestación concreta de su arraigo local, que puede ir de la mano con una reconexión con lo divino. Este tipo de mesianismo del «aquí abajo» que se encuentra en otras situaciones (Bulle 2025) se traduce en la desconfianza y el alejamiento respecto de las colonias reconocidas por el Estado israelí, juzgadas demasiado «burguesas», y en la adopción de un modo de vida con frecuencia rural, frugal, apartado, como reacción al rostro moderno y cada vez más tecnológico del sionismo de Estado.

Esta voluntad de un mesianismo «práctico» anima también a otros grupos sionista-religiosos —en particular a los que se reclaman parte del mundo «toranique-nacionalista» (Torani Leoumi). Los «núcleos toránicos» (Garinim Toraniim) se ven como representantes de la nueva élite religioso-sionista, desinhibida e integrada en el paisaje social israelí, para amplificar mejor el alcance de su mensaje mesiánico. Mientras los colonos sionista-religiosos se aplican a judaizar las colinas y las tierras de Cisjordania, estos grupos se aplican a judaizar las ciudades israelíes. Estas comunidades se instalan en el corazón de ciudades a menudo liberales, a veces mixtas (como Jaffa o Lod, ciudades históricamente marcadas por la copresencia judeo-árabe), con el objetivo de redibujar el espacio público israelí. En estos barrios mixtos, pero también en Jerusalén Este, se multiplican los intentos de intimidación de las poblaciones árabes palestinas, en particular bajo la influencia de ideólogos supremacistas.

Entre los colonos mencionados más arriba, distingamos también a los militantes llamados «jóvenes de las colinas». Encarnan una doble oposición —a la vez al judaísmo del exilio y al sionismo, sea laico o religioso. La nueva espiritualidad que elaboran es revivalista; debe arraigarse en un nuevo tiempo —el del rechazo del exilio— y un nuevo espacio —el de la tierra de Israel. Fuertemente inspirada en el pensamiento jasídico y en ciertas influencias New Age (Persico 2014), tiende a hacerlos renacer como judíos ancestrales, purificados de las corrupciones del exilio y anclados en su tierra. A diferencia de los colonos sionista-religiosos que en su mayoría evitan los conflictos con las autoridades israelíes, los «jóvenes de las colinas» se emancipan del sionismo de Estado y de las instituciones seculares para reivindicar una autonomía política y soñar con el advenimiento de un reino judío teocrático. En sus comunidades aisladas, desarrollan una contracultura que celebra su violencia como salvadora, puesto que sirve a su mutación en nuevos judíos ancestrales y señala su reivindicación de ser «fuera del Estado».

Aunque se quieren aparte, estos «jóvenes de las colinas» comparten con las demás corrientes militantes del sionismo religioso un militantismo creciente por la reconstrucción física del Templo judío de Jerusalén (en lugar de las mezquitas del sitio), a veces inspirado en diversas visiones proféticas apocalípticas y en la mística cabalística. Este desplazamiento del mesianismo, «fuera del Estado» pero encarnado en la reconstrucción del Templo, ofrece la oportunidad de un nuevo aliento mesiánico —revivalista— al resucitar las instituciones judías de antes del exilio, al reforjar la relación mítica entre el pueblo judío y lo divino, al reanclar el judaísmo físicamente en Jerusalén.

Sin embargo, este tipo de militantismo puede calificarse de político-religioso en la medida en que convoca una violencia inherente y mantiene una conflictividad con el Estado. El ascenso de grupos de colonos al sitio es a la vez un acto de rebelión política contra el Estado de Israel, que no autoriza la oración judía por la aplicación del statu quo sobre el Monte del Templo (hoy administrado por el Waqf, el organismo religioso musulmán dependiente de Jordania), y un acto de emancipación espiritual.

Mesianismo y antisionismo

Al término de este panorama, deben plantearse dos puntos particulares. El primero interroga la posibilidad de una convergencia entre el antisionismo europeo (creciente desde la guerra en curso en Gaza desde 2023) y algunos de los mesianismos antes evocados. Es notable que el mesianismo, al reencuadrar el sionismo y su forma de Estado moderno, desemboque en un rechazo simétrico al del antisionismo decolonial europeo. En efecto, mientras los mesianismos sitúan al Gran Israel en el centro de la realización teleológica del Reino de los Judíos, el antisionismo europeo se apoya en el reconocimiento exclusivo de la legitimidad palestina y en el borrado de la identidad de Israel como entidad política y real. Se sitúan, pues, en una misma trayectoria de oposición al estatismo judío. Para los primeros, Israel no puede describirse como un Estado-raíz y sigue siendo un cuerpo extraño que flota en las aguas medio-orientales. Para los segundos, la tierra de Israel (y no el Estado de Israel) es la única matriz posible de vida; el Estado judío no permite encarnar el proceso redentor judío. En ambos casos, se trata de superar el estatismo israelí.

Se perfila un segundo punto de análisis. Si bien la dinámica mesiánica tiende a imponerse como ideología predominante dentro del mundo sionista-religioso, con una influencia sin precedentes sobre la política israelí, esta dinámica se ve favorecida por la influencia del evangelismo estadounidense, que manifiesta abiertamente su ambición de desempeñar un papel en la realización de la alianza bíblica, desde la región de Gaza hasta Cisjordania. El mesianismo judío resuena en las esferas cristianas evangélicas, en particular las estadounidenses. Siendo la tierra de Dios indivisible, se han forjado vínculos entre los sionistas cristianos y judíos que defienden a Israel desde la perspectiva escatológica y apocalíptica del Fin de los tiempos. Este tipo de alianza, favorecida por la influencia estadounidense, está hoy en el corazón del devenir territorial de Israel y de los Territorios Palestinos, incluida Gaza.

Ya se trate del devenir de Cisjordania y de Gaza, del creciente antisionismo europeo, de los intentos de imponer la soberanía exclusiva del pueblo judío en el propio Estado de Israel o también del evangelismo occidental, los futuros de los pueblos palestino e israelí están atrapados en tales fenómenos religiosos y políticos. Estos condicionan más que nunca el futuro político de la región.

Referencias

Bulle, S. 2025, «Des visions contrastées de l’effondrement. Le cas d’une zone à défendre» («Visiones contrastadas del colapso. El caso de una zona a defender»), Condition humaine / Conditions politiques [En línea], 6 | 2025, publicado en línea el 25 de septiembre de 2024, consultado el 13 de mayo de 2025. URL: http://revues.mshparisnord.fr/chcp/index.php?id=1506

Katzman, H. (2020). The Hyphen Cannot Hold: Contemporary Trends in Religious-Zionism. Israel Studies Review, 35(2), 154-174.

Nicolle-Hasid, P. (2019). Beyond and Despite the State: Young Religious Settlers’ Visions of Messianic Redemption, Quest. Issues in Contemporary Jewish History, 16: 116-143.

Persico, T. (2014). Neo-Hasidic Revival. Expressivist Uses of Traditional Lore. Modern Judaism, A Journal of Jewish Ideas and Experience, 34(3): 287-308.

Sedan, E. (2014). Shitat Elkana: Et Lakum veLaasot [El método Elkana: es hora de actuar]. YouTube (Bnei David Mechina). https://www.youtube.com/watch?v=B0Vfva45N5Y


  1. Respectivamente, profesora de sociología, Laboratoire d’Anthropologie du Politique-EHESS-CNRS) y (posdoctorante en sociología, Harry S. Truman Research Institute, Hebrew University of Jerusalem).↩︎

← Artículo anterior · Artículo siguiente → Volver al número 25